El Salvador, la Tormenta perfecta

Llueve en San Salvador, y no es casualidad porque estamos en su invierno, continuación, sin transición del caluroso verano

A través de la ventana del hotel, abierta de par en par en medio de una tormenta tropical, la luz apagada y sin TV, diviso miles de luces que resultan almas a la falda del volcán San Salvador, activo aunque dormido desde principios del siglo XX.

Es mi primera tormenta en Centroamérica, el segundo viaje en menos de seis meses.

En esta ocasión la tormenta no tiene sólo características climatológicas, adquiere la categoría de “tormenta perfecta”, ya que el país se haya sometido a una tensión inusual desde los Acuerdos de Paz de 1992, por motivos de enfrentamiento entre el Poder Legislativo y el Judicial. Algo similar a lo que está ocurriendo en la actualidad en España entre el Ministro de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial.

En el caso del El Salvador, el proceso y el resultado es diferente, porque adquiere tintes de crisis institucional entre la Sala de lo Constitucional y la Asamblea de la República.

En la calle el Presidente de la Asamblea apoyando, megáfono en mano, el recién elegido presidente de la magistratura salvadoreña, que cuenta con el soporte de los sindicatos, pero que es rechazado por la Sala de lo Constitucional, a la que apoyan amplios sectores de la sociedad civil.

El nivel de tensión va en aumento desde el lunes por la mañana, momento crítico de elección del nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia, que deberá elegir a los miembros de la Sala de lo Constitucional que acaban de sentenciar anticonstitucional su nombramiento.

¿Por qué es importante esto?, simplemente porque entre el grupo con el que estoy trabajando esta semana temas de gestión de personas, están fiscales, procuradores, comisionados de policía, directivos de la Corte Suprema y miembros de la Asamblea General de la República.

Pese a todo, aunque a intervalos en los que salen del aula acosados por el timbre de sus móviles, permanecen las 5 horas de programación del aprendizaje que me ha separado de Maite y Aitana… hasta el próximo día 29 de julio.

Esta mezcla de pasión, confusión y entrega política, que se mezcla con el respeto por la formación y el compromiso con el curso y sus profesores, es lo que me ha confirmado en los últimos meses que si algo podemos aprender del Salvador es su vitalidad, mientras que ellos pueden aprender de nosotros, hasta donde no deben llegar en la lucha interinstitucional… sobre tienen que asumir, cuál es el límite que le ponen a los partidos políticos para evitar la metástasis de la partitocracia y la crisis sistémica que España está en condiciones de mostrar como modelo ejemplar de una “mala práctica país”.

¡Siempre nos quedará El Salvador!

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