Archivo mensual: enero 2014

¿Evaluar o Evaluabilizar?… esa es la cuestión (@MASTERDPyLI) (16-I-2014)

Tal y como en su día inicié mi blog sobre hhtpp://gestionpublica.blog.com en los cursos de directivos y en las materias del @GraoDXP de @Uvigo, creo oportuno abrir en este otro blog para las cuestiones que tienen que ver con el aprendizaje en el @MASTERDPyLI de @Uvigo.

En todo caso es un complemento a los foros de debate, presentaciones y contenidos teóricos que hemos programado para las materias en las que estoy implicado este curso 2013-2014: #innovaciónygestionserviciospublicos #auditoriayevaluacionpublica & #tecnicascualitativas … espero que no acabéis hasta el gorro de mí 😉

Esta segunda materia de #auditoriayevaluacionpublica he querido centrarla en la aproximación hacia la evaluabilidad de las políticas y programas públicos, más allá de las típicas técnicas y herramientas, de las cuales también tenéis documentación:

¿Por qué complicarlo un poco más?, simplemente porque la evaluabilidad, tal y como la definen Ballart (1993 y 1996) y Merino (2007), siguiendo, sobre todo a Wholey (2004), desborda el planteamiento tecnocrático de la Nueva Gestión Pública, centrándose en el desarrollo de una cultura de la evaluación… que es, al fin y a la postre, el quid de nuestra cuestión, al menos en España.

¿Por qué evaluabilidad? pues porque como bien dice Wholey + del 50% de las intervenciones públicas no son evaluables; Dhaler-Larsen (ambos citados por Merino, 2007), sigue en la misma línea, y yo concido con él, por lo que no sólo hay que preguntarse si se puede evaluar todo, si no la legitimidad que produce, su contribución al cambio cultural organizativo y social, y impacto real sobre las consecuencias del programa o política, su contribución a la mejora de la equidad, etcétera.

Qué es evaluabilidad está perfectamente explicado en el texto de Merino (2007), y en la figura que incorporo a continuación

Merino, Evaluabilidad, Esquema, 2007

La evaluabilidad “nos viene como anillo al dedo” para repensar el esfuerzo de crear una AEVAL e institucionalizar el conocimiento disperso que existía en las diferentes administraciones públicas españolas sobre evaluación de políticas, programas y servicios públicos. Métodos que provenían de otros ámbitos político-administativos (EFQM), propios (EVAM), autoevaluativos, sobre rendimiento, resultados y/o desempeño. Toda una pléyade instrumental que nos impedía ver el bosque, LO MÁS IMPORTANTE ES COMPROBAR SI UN PROGRAMA ES EVALUABLE O NO… o lo que es lo mismo, para determinadas intervenciones públicas no hacen falta “tantas alforjas” 😉

En España queda mucho camino por recorrer en todos los ámbitos de intervención pública, y en Europa también (no hay más que ver como la UE sigue el modelo gerencialista vs. BID de gobernanza).

La AEVAL continúa la labor iniciada a mediados de la década pasada, pero eso no legitima ni las políticas evaluadas, ni a la propia Agencia… porque por desgracia seguimos teniendo una asignatura pendiente en relación con la cultura evaluadora; y sobre esto nos sobran ejemplos negativos que podemos ver todos los días en los medios de comunicación.

Sin ir más lejos y para concluir, podemos llevar esta reflexión al ámbito de las Universidades y sus estudios de grado y posgrado, concluyendo con una pregunta: en relación con la materia #auditoriayevaluacionpublica ¿qué opción debo seguir como profesor con relación al objetivo de la materia (adquisición de conocimientos y competencias)?, ¿realizar una evaluación o acometer un proceso de evaluabilidad?

Nos vemos en el foro de debate 😉

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¿Evaluación o “Evaluabilidad”? las nuevas #3Es de los servicios públicos (13-I-2014)

Es la primera vez que escribo un post para centrar un tema del @MasterDPyLI @UVIGO , pero creo que la ocasión lo merece.

Porque hablar de evaluación pública es algo más que abordar una perspectiva teórica, analizar un problema puntual en una organización pública, trabajar sus contenidos como si fueran objeto de “modas del management” (Fernández, 2007), o debatir sobre su oportunidad en países de democráticos o no, de hace 50 años o de nuestros días (Ballart, 1993 y 1996).

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Hablar de evaluación en las organizaciones públicas, supone dar valor al elemento más puro de una institución que debe velar por el bien común, por el interés general, que debe corregir desequilibrios sociales y mejorar la cohesión social y territoral.

Hablar de evaluación pública es hacer de las “3Es” de la Nueva Gestión Pública (Economía, Eficacia y Eficiencia) y de las “3Es” de la Gobernanza (Equidad, Efectividad y Evaluabilidad).

Porque sin la equidad es difícil acabar de ver la realidad de un proceso, de un “input-output”, sus impactos reales (“outcomes”), su incidencia en la corrección de los desequilibrios anteriormente mencionados. No hay buena evaluación si un servicio, producto o política no logra mejorar este escenario perverso de inequidad, que se confirma como uno de los retos públicos de nuestro tiempo.

Porque sin efectividad, nuevamente impactos, tampoco es posible descubrir quiénes son los beneficiarios del servicio público y quienes se han quedado fuera de él,. Podremos averiguar cómo funciona, mejorarlo, ser más productivos, pero difícilmente vamos a lograr que la ciudadanía en su conjunto vea rendimientos en esta política, consiga hacerla suya aunque no sea una usuaria directa de la misma.

Porque sin evaluabilidad, quedamos en manos de los tecnócratas, de los expertos, de la técnica, alejando a la ciudadanía, a los ciudadanos individuales que siente que una parte de la evaluación (o el conjunto de ella), no es más que otro mecanismo de gestión ajeno a su realidad cotidiana.

Cualquiera de estos elementos que conforman la nueva tríada de las políticas y los servicios públicos (#3Es), sirven para mejorar un proceso, pero, fundamentalmente, para relegitimar la acción pública, para incorporar a los ciudadanos a práctica dialógicas que mejorar el aprendizaje de los servicios públicos y que permitirán, en un futuro por escribir, que algunos de estos servicios ya no sean ni públicos, ni privados, si no solamente entre particulares.

Por esta razón plantea la pregunta de si evaluación o evaluabilidad. Porque, como ha sido norma en estas dos últimas décadas, en España nos hemos centrado en lo más fácil, los “mantras” de la NGP: “lo que no se mide no tiene valor”, desarrollando para ello técnicas de evaluación más o menos complejas que permitieran al técnico, al experto y al político, “cocinar” el método para que diera un resultado esperado. Sin embargo la evaluabilidad implica una mayor madurez, diseño de estratega, amplitud de actores y búsqueda de consensos; algo que hemos podido comprobar en el tema 1 de la materia (Ballart y  Wholey) y que confirmaremos para la realidad española en el tema 2 (Wholey y Merino).

AEVAL

Podemos decir así que el diseño e institucionalización de la evaluación de políticas y programas públicos ayuda a transitar de el fin (una evaluación en sí misma) al medio (una proceso que ayude a mejorar un servicio y relegitimar el conjunto de lo público)… y la evaluación y el modelo escogido para ello resultan piezas claves. La función evaluadora en el caso de España, así como la Agencia de Evaluación y Calidad (AEVAL) creada al efecto han supuesto un punto de inflexión en nuestra cultura político-administrativa.

Sobre los temas instrumentales: encuestas, análisis de percepción y opinión de servicios públicos, etcétera, podremos continuar trabajando porque existe ya una amplia literatura científica en España (Carrillo y Tamayo), también una práctica generalizada y modelos de evaluación del rendimiento, del desempeño, de autoevaluación (EFQM y EVAM)… resta la universalización de la evaluación como proceso vinculado a la rendición de cuentas, a la mejora de la transparencia pública y a los viejos-nuevos sistemas de acceso a la información y de “Open Government”.

La sociedad española tiene lo más fácil, queda, por tanto, lo más complicado. Y sin su participación directa, su implicación comprometida, no será más que un nuevo avance de la Nueva Gestión Pública; una nueva batalla perdida de la Gobernanza.

Por eso, yo me quedo con #3Es, ¿y vosotr@s?

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